Ayer, leyendo el texto de un curso que estoy haciendo, hablaba un poco de las cosas que suceden en la vida, muchas buenas y algunas pues que no lo son, que llegan de forma incomprensible, sin avisar, y en las que uno se pregunta por qué le ha tocado a él vivir esta situación. La vida es como es, en una parte me hacía gracia porque decía que un virus realmente no tiene conciencia ni voluntad real de hacer lo que hace, pero es así y ya está. Quizás la base está en aceptar que la vida es como es, y que, en el fondo, todo está bien, lo que somos de verdad siempre está a salvo. Es una toma de conciencia complicada, sobre todo cuando uno está en mala época, desanimado o sin ganas de nada. A veces no es el momento de que te den respuestas, ni mucho menos entramados psicológicos o filosóficos, sino más bien de respetar los tiempos de cada uno. En el texto cambiaba el interrogante y del ¿por qué me ha pasado esto? cambiaba al ¿para qué me ha pasado en esto?. Uff, vaya pregunta más difícil y más incómoda a la vez. Pero pienso en la academia, de quien nace y como nace, en lo que hace, en la comunidad, y la respuesta a ese ¿para qué? parece brotar sola como esas esferas luminosas de las meditaciones. Es domingo, perdonarme esta reflexión intensa, pero me he levantado con la intención de agradecer a aquellas personas que han encontrado el ¿para qué?, y con el deseo de que todos/as lleguemos a ese punto. Un abrazo