Esta es la triste y asquerosa realidad. Lo que legitima algo como arte no es la calidad de la obra, sino la estructura de poder que la sostiene: museos, curadores, críticos, coleccionistas, ferias, universidades, y el mercado. Pero esa legitimación no es objetiva, ni está basada en un conocimiento técnico infalible. El sistema actual de legitimación del arte no está diseñado para reconocer la excelencia, sino para sostener sus propias dinámicas de poder. Por eso deja afuera a quienes realmente producen obras valiosas. El curador, por ejemplo, es uno de los actores determinantes para que muchísimos artistas de valor queden ignorados, marginados o silenciados. Sí, tristemente, es así. El es el arquitecto del discurso y la narrativa que legitima. Saludos cordiales.