El martes pasado estuve en en Estadio Sánchez Pizjuán de Sevilla viendo a la selección española de fútbol, primer partido en España tras conquistar su segundo campeonato del mundo. 40.200 espectadores me acompañaron. Es la primera vez que voy a un evento de tal tipo tras mi comienzo con esto. Voy al fútbol con asiduidad pero no es tan multitudinario. Allí estuve con mis ruidos y mi hiperacusia, y lo disfruté al máximo. Una experiencia única que voy a recordar para siempre. Desde que empecé con esto tengo unos tapones hechos a medida con filtros de 30 y 20 dB. Los uso en espacios ruidosos como cine o en este caso fútbol. No los uso para situaciones cotidianas. No es un camino de rosas, el miedo te asalta y te quiere conquistar, y te dice “¿pero cómo te vas a meter ahí con tanta gente gritando y con la música estridente de megafonía? ¡Te vas a poner peor, insensato!”. Seguro que os suenan estas preguntas. Mi otorrino me dijo, ponte los tapones y disfruta y sentido común (entiéndase “no te pongas al lado de uno que esté tocando el bombo o con un altavoz en la oreja”). A veces, por mucho que nos digan, el miedo sigue, quizás porque con este síntoma y con las frustraciones médicas esto se alimenta, te crea desconfianza. Se lo comenté a Viviane y me dijo algo así como “yo los tengo y voy, no te va a pasar nada”. Para mí fue un chute de confianza, porque te lo dice alguien que los tiene y sabe lo que es. Aprecio mucho a mi otorrino, pero él no los tiene. Y claro que se pueden seguir percibiendo los ruidos, pero solo como algo más, no como el centro de todo. Y claro que con los tapones pues lógicamente se notan algo más, pero están y ya está, sin más relevancia. Porque la verdad es que es lo de menos, una minucia insignificante ante una vivencia única, festiva, inolvidable, profundamente feliz y emocionante. Me encuentro bien, y sé que es un camino, cada uno/a tiene el suyo y su ritmo. Pero se sale, se puede, y si ahora no lo ves, lo verás, porque yo (nosotros/as), también somos campeones del mundo.