Llevo más de dos años de relación con mi novia y ella me ha demostrado que comprende la dinámica de nuestra unión. Soy un hombre con energía dominante y ella sigue el 90 % de mis pautas. No la controlo, pues me gusta que entienda que la inspiración para respetarme y seguir mi visión debe nacer de la convicción, no de la manipulación ni de la fuerza. Ella trabaja y vive su vida en libertad, pero siempre está pendiente de mí. Le doy reconocimientos a mi estilo y, desde el principio, dejé claras mis reglas, las cuales ha cumplido cabalmente dentro de sus capacidades, pues al final todos somos humanos. Ahora quiero dar el paso hacia el compromiso, pero deseo que sea ella quien me lo pida. Siento que, por el tiempo transcurrido, se ha acomodado a la etapa actual, aunque se comporta a la altura de una mujer totalmente comprometida: cocina para mí, se encarga de mi ropa, cuida mi casa y constante con los detalles. En resumen, responde a la altura de mis estándares y siempre está disponible cuando la busco (mientras que yo mantengo cierta distancia para preservar la polaridad). Ella disfruta de mi sentido del humor y de los momentos de relajación que compartimos. Aplico distanciamiento de manera sutil, ya que para mí el respeto y la atención deben ser genuinos, no el resultado de una estrategia forzada para hacerme ver como el hombre ideal. Ella demuestra su devoción sin necesidad de que yo la provoque de manera artificial. Hasta el momento, lo único que me ha manifestado es que no se siente cómoda cuando adopto un trato algo brusco o grosero, pero, fuera de eso, todo avanza en la dirección correcta a mi entender.