Me pasó algo similar con un proyecto para un colegio. En mi caso, el trabajo incluía diseño, levantamiento arquitectónico, modelado 3D y renders. Hice la cotización, establecí el valor y los tiempos de trabajo, y me dijeron que estaban de acuerdo y que me pagarían lo cotizado. El problema fue que, por querer ayudar y avanzar rápidamente, no dejé nada firmado ningún documento. Comencé con las visitas, el levantamiento y posteriormente el modelado 3D. Sin embargo, al ver que no recibía ningún pago, decidí no continuar con el proyecto y tampoco entregar ningún insumo o producto final. Al final, aunque no entregué las imágenes ni el producto terminado, sí perdí tiempo y esfuerzo en visitas, levantamiento y modelado. Esa experiencia me enseñó justamente lo que mencionas: una cotización aceptada verbalmente no reemplaza un acuerdo formal. Desde entonces tengo mucho más claro que antes de comenzar un trabajo deben quedar definidos por escrito el alcance, los honorarios, los tiempos, los entregables y, sobre todo, la forma y los momentos de pago. Creo que ese fue mi propio golpe de realidad: uno puede querer ayudar y tener toda la disposición, pero el profesionalismo también está en poner límites y proteger el propio trabajo.