Hoy me he acordado de algo que cada vez tengo más claro: A veces una venta que no haces es una buena venta. Me explico. Durante mucho tiempo hemos aprendido que vender consiste, en cierto modo, en conseguir que la otra persona pase de «me lo estoy pensando» a «sí, compro». Pero cuando pienso en la venta consciente, el objetivo debería ser otro: ¿Estoy ayudando a esta persona a tomar una buena decisión para ella, aunque esa decisión sea no comprarme? Y creo que ahí aparece una parte incómoda de la venta. Porque decir «esto no es para ti» cuando sabes que podrías cerrar la venta requiere bastante más confianza que intentar convencer. Me interesa saber cómo lo vivís vosotros: ¿Alguna vez habéis recomendado a alguien NO comprar vuestro producto o servicio? ¿Qué pasó después? Un saludo