El otro día me puse malo. Así os lo digo: los superhéroes también nos ponemos malos. Como es una pregunta que aparece habitualmente en nuestro online coaching, creo que es muy útil compartir con vosotros mi aproximación a qué hacer cuando uno está malo, puesto que existe mucha controversia sobre si es positivo, negativo o da igual entrenar en ese estado. Para dar respuesta a esta pregunta, tenemos que mirar el mecanismo a través del cual funciona el entrenamiento. Y esto es muy sencillo: el entrenamiento no te hace más fuerte por sí solo; el entrenamiento con una adecuada recuperación te hace mejorar. El entrenamiento es el estímulo, pero es únicamente durante la recuperación cuando verdaderamente mejoramos nuestras capacidades. Si nuestra recuperación está comprometida por una nutrición deficiente, falta de sueño, exceso de estrés o cualquier otro motivo, las adaptaciones se verán mermadas o incluso puede que no sucedan. ¿Qué sucede cuando estamos enfermos? El cuerpo dedica todos los recursos posibles a combatir esa enfermedad, porque no sabe si es un virus ligero, un pequeño catarro o algo serio; por si acaso, reacciona lo antes y lo más fuerte posible. Por lo tanto, si entrenamos mientras estamos enfermos pueden suceder dos cosas: 1. Que el cuerpo postergue todas las adaptaciones que debería haber hecho para recuperar el entrenamiento, resultando este inútil. 2. En el peor de los casos, que el cuerpo tenga que derivar parte de sus recursos a la recuperación del entrenamiento y se los quite a combatir la enfermedad. El cuerpo, como es muy sabio, detecta esto y te lo manifiesta con una gran desidia y rechazo ante la idea de entrenar (hablando de entrenar duro, no de salir a dar un paseo o una pequeña vuelta en bici). Por lo tanto, ¿qué hago yo cuando estoy malo? 1. Descansar mucho y tomarme paracetamol si tengo fiebre o me duele demasiado la cabeza. 2. Seguir descansando y durmiendo todo lo que pueda o necesite hasta que llegue un día en el cual pueda hacer vida normal sin ninguna sensación rara.