Una cosa es expresar una opinión y otra muy distinta es insistir en comentarios que buscan perjudicar a una persona y desacreditar su trabajo. Nadie tiene que estar de acuerdo con todo el mundo, pero el respeto debe ser la base de cualquier comunidad. La libertad de expresión no debería utilizarse como excusa para atacar, desacreditar o promover el daño hacia los demás. Las diferencias se resuelven con argumentos, no con ataques repetitivos. Detrás de cada trabajo hay esfuerzo, compromiso y una persona que merece ser tratada con dignidad. Es momento de poner límites. Las redes sociales deben servir para aportar, no para destruir. El respeto habla de quien lo ofrece, y la responsabilidad también se demuestra en lo que publicamos. Criticar es una cosa; insistir en hacer daño es otra. Que nunca se nos olvide la diferencia.