Estamos hablando en el grupo de esas esterillas finitas, ligeras, que caben en cualquier maleta. @Gabriela Ruiz me contaba que lleva su esterilla finita en cada viaje. Al abrir la maleta, ahí está. Un recordatorio silencioso: "Aquí estoy, si me necesitas". A veces la sacas. Practicas 20 minutos en la habitación, en la playa, en un parque. Y el viaje se siente más tuyo. Pero otros días la esterilla no sale de la maleta. El suelo del hotel no está limpio, o es demasiado duro. El itinerario está lleno. Cambias de hotel, corres de un sitio a otro, llegas agotada. Y está bien. Porque el hábito real no es la esterilla. Es dedicarte tiempo a ti misma. Cuando no puedes practicar posturas, aún puedes: 🌿 Sentarte frente a un paisaje y respirar 🌊 Parar un minuto antes de salir a cenar para conectar con tu cuerpo ☀️ Mirar el amanecer en silencio, sin pantallas, sin prisas Así el hábito no se rompe. Solo se transforma. 💬 ¿Tú también llevas esterilla de viaje? ¿O tienes algún pequeño ritual para mantenerte conectada cuando no puedes practicar? Comparte aquí 👇