Las próximas dos semanas concentran tres decisiones de política monetaria que rara vez coinciden en tan poco tiempo: la Fed el 16 de septiembre, el BCE el 10, y el Banco de Japón el 17-18. Si los tres bancos centrales suben tipos de forma casi simultánea algo que gestoras como Eastspring Investments dan como escenario base, seríamos testigos de un endurecimiento monetario coordinado del G3 que no se ve con frecuencia. ¿Por qué importa esto para nuestra cartera? En Estados Unidos, el mercado ya descuenta una probabilidad alta de subida en septiembre (57-64% según distintas casas), después de un discurso con tono restrictivo del presidente de la Fed, Kevin Warsh, en Jackson Hole. El dato clave a vigilar es el informe de empleo de mañana viernes — cualquier sorpresa al alza podría terminar de inclinar la balanza. En Europa, la inflación de la eurozona se aceleró al 3,3% interanual en agosto (cuatro décimas más que en julio, por la energía), lo que refuerza la expectativa de que el BCE suba 25 puntos básicos el día 10. Isabel Schnabel, del comité ejecutivo del BCE, ya lo dejó claro: con los tipos actuales, es poco probable que la inflación vuelva al objetivo sin un ajuste adicional. Japón es el caso más atípico — llevan años con tipos ultra bajos, y ahora el propio gobernador Ueda habla de prestar "mayor atención a los riesgos al alza" en su política. Si el BoJ sorprende con una subida más agresiva de lo esperado, el yen (que ronda niveles que históricamente han activado intervenciones cambiarias) sería el primer termómetro a observar. La lectura de fondo: cuando tres bancos centrales endurecen política a la vez, los diferenciales de tipos entre regiones se comprimen eso históricamente ha beneficiado a las bolsas asiáticas por entrada de flujos, pero también eleva el listón para toda la renta variable global. Como bien resume Eastspring, el mensaje para 2027 es claro: la selección activa de valores importará más que simplemente replicar índices. A nivel local: el PMI de servicios de España se moderó a 57,8 puntos en agosto (por debajo de los 59 esperados), aunque se mantiene en zona claramente expansiva una señal de que la economía española sigue creciendo, solo que a un ritmo algo menos acelerado.