Requiero la mera neta
picaduras de abeja para la tristeza.
Un trago de sol extraordinario,
la máscara del santo en la maleta y
--por si acaso--
un boleto del metro
de la Ciudad de México.
Para el desencanto requiero
el oro molido de un suspiro,
la ostia lunar de vez en cuando,
aguardiente, guitarras y tabaco y,
una pizca de sal para el cansancio.
Para el desamor requiero
un caldo de gallina negra,
albahaca para la nostalgia,
un cementerio de penas y
piedras, muchas piedras
para olvidar las estrellas.