Cuando te mueves de tu ambiente habitual y te expones a un entorno distinto, algo cambia casi de inmediato, subes tu propio nivel de exigencia sin proponértelo, empiezas a pensar distinto, a comportarte distinto, y a fijarte metas más grandes de las que te fijabas antes, y esto no depende del lugar en particular, depende de que un entorno nuevo no te permite quedarte en automático. Esto aplica en varios frentes a la vez, con un negocio sucede que cuando te quedas siempre en el mismo mercado, con los mismos clientes y las mismas rutinas, es muy fácil relajarte y asumir que ya llegaste a donde tenías que llegar, porque nada a tu alrededor te está exigiendo más, pero en cuanto te expones a un mercado más grande o te sientas con personas que operan en otro nivel, tus propios estándares dejan de ser suficientes y te ves obligado a subir el nivel de juego, y con tu círculo social pasa exactamente lo mismo, sin darte cuenta terminas pensando parecido y hasta ganando parecido a las personas con las que más convives, porque de ellas aprendes qué es normal, qué se vale soñar y hasta cuánto se cobra, así que si te rodeas siempre del mismo círculo es fácil quedarte estancado sin percibirlo. Por eso siempre recomiendo a quienes están empezando que busquen salir de su entorno conocido de manera intencional y en más de un sentido, que visiten otras ciudades, que se sienten con personas que facturan más que ellos, que se acerquen a un círculo social distinto del que ya tienen, y que se coloquen en espacios donde se sientan el elemento más pequeño del grupo, porque esa incomodidad es precisamente lo que obliga a crecer, la mentalidad no cambia estando cómodo, cambia cuando el entorno la empuja a hacerlo. Con 35 años en la industria lo he comprobado una y otra vez, cada salto importante en mi negocio llegó después de cambiar de ambiente y de círculo, de sentarme con personas que en ese momento pensaban en una escala mayor a la mía, y ese periodo inicial de incomodidad siempre valió mucho más que quedarme cómodo donde ya estaba.