Buenos días, foco, propósito, elección En estos días, conversando con una amiga de sus miedos, por los movimientos de la tierra que han sucedido, ella me dijo una frase que me llevó a mis inicios en CRP. "Es que mi cabeza es así, piensa cosas". Recordé una conversación con mi amigo y maestro Francisco Giménez, una vez le dije: ¿Qué hago, si me llegan esos pensamientos?... Su respuesta, tan de él, fue: ¿De dónde crees que vienen tus pensamientos, de marte?, vienen de todo aquello que alimentas, le das fuerza y foco. ¡Waooo! En estos últimos días, la tierra ha temblado en muchos lugares, y nos ha dejado frente a una realidad inevitable: Cuando la tierra tiembla, no solo se sacuden las estructuras físicas; se estremece nuestra noción de control y se abre de golpe esa ventana de vulnerabilidad y desde allí tenemos que decidir cómo viajaremos por esa exposición, todo depende de nuestro personal plan de viaje, ¡No viene de marte!. Hablando con muchos de ustedes, observándome también, he sentido vivo ese eco de miedo por lo que pudo ocurrir, por lo que no sucedió y, el aterrador, ¿Y si pasa?; es completamente humano, totalmente válido, pero, todo está en aquello en lo que nos fijamos o el lado que vemos cuando miramos. Ciertamente, es desgarrador atestiguar cómo cambia de la noche a la mañana el paisaje cotidiano, ese edificio, esa esquina o esa calle que dábamos por sentada y que hoy ya no está. Las pérdidas materiales duelen, y el vacío nos recuerda lo efímero de todo lo que nos rodea. Ante esto, nos enfrentamos a una elección vital: ¿Dónde ponemos el foco?. Las circunstancias externas escapan por completo de nuestro control, pero la forma en que reaccionamos ante ellas y nuestra mirada sobre lo sucedido es lo que puede hacer más llevaderas las circunstancias. No sé trata de controlar, se trata de darnos cuenta de cuánto de lo que nos contamos nos suma y cuánto nos resta al único propósito de estar aquí, ahora, ¡Vivir, viviendo! A raíz de esta experiencia, me he propuesto un compromiso profundo: reconocer de verdad las calles de mi ciudad, mirar más a los ojos, llevar a cabo aquel plan que me hace ilusión y decir lo que siento con total amor. El afecto, la presencia y la gratitud ya no son cosas para "después"; son ese abrazo que no puede posponerse. Cuando elegimos mirar desde la posibilidad y el amor, encontramos el verdadero propósito de estar aquí.