Si tienes un peque neurodivergente, y tú también lo eres, sabes de qué te hablo cuando digo que hay dos momentos del día escolar que suelen costar más que el resto. Para cualquier familia, la salida de casa por la mañana y la recogida por la tarde ya son transiciones que piden mucho. Cuando en casa hay dos sistemas nerviosos más sensibles al cambio, el tuyo y el suyo, esos mismos momentos se complican todavía más. Lo que más ayuda en ambos momentos no es tanto convencerle de que todo va bien, sino darle continuidad al cambio con algo que viaje con él de un momento al siguiente. Puede ser una canción que pongáis siempre en el trayecto al cole, un juguete o un ritual creado por vosotros mismos que repitáis cada día. Ese hilo conductor hace que el cambio de entorno no sea tan abrupto para su sistema nervioso, porque algo familiar sigue ahí sosteniéndole. Y aquí va lo que de verdad marca la diferencia. Lo más importante para que tu peque no se desregule tanto no es nada que hagas con él en ese momento. Es que tú estés regulada antes de que llegue el momento del caos. Cuando los dos sois neurodivergentes esto es más difícil, lo sé, pero si te haces con pequeñas rutinas de autorregulación antes de estos momentos que ya sabes que son complicados, y te lo pones fácil en todo lo que puedas, es mucho más probable que aunque tu peque tenga una pataleta, tú no te desregules con él. Y eso lo cambia todo, porque si tú te pones nerviosa, él se pone más nervioso, y se monta una rueda insoportable. Una práctica que a mí me funciona tanto por la mañana como por la tarde es la Respiración VOO. Inspira por la nariz, y al soltar el aire, hazlo con un sonido grave, como un "voooo" que dure todo lo que puedas, sin forzar. Repítelo entre cinco y ocho veces antes de salir de casa o antes de recojerle en el cole por la tarde. Puede que no evites las pataletas y los lloros de tu peque, peroes más probable que lo puedas acompañar con más tranquilidad y presencia si tu sistema nervioso está regulado.