La inteligencia se abre paso al fin —dime que eso es un verso, lo es. Sáfico de cera cortado a vuelapluma—. Teje libre la fiebre de la araña, asocio surcos, miento por la muerte, quieren verme destruido y vivo destrozado, así funcionan las venganzas gélidas, —y ella, Safo, aparece— lo dicen mis amigos. Ellos saben que es sueño todo el miedo, pero su fuerza agota el corazón —otro verso de Safo—. Me quedan varias vidas por cobrar, sus ojos maliciosos, escondidos tras el folletín de la mordedura.