Vivo a unos 100 metros de la entrada del cementerio más antiguo de mi ciudad. ¡Es pequeño, muy pequeño! En este lugar, dentro de la ciudad, es donde están enterrados mis padres. También es el lugar donde, cuando yo muera, me enterrarán. Por delante de la puerta principal, de hecho, solo tiene dos, paso varias veces durante el día. Entrar dentro, lo hago en solitario y solo de vez en cuando. Es un momento tranquilo y de paz. Pienso, sobre todo, en mi padre y en sus principios básicos: trabajar, comer y dormir… ¡Él era así, y así era feliz!