Dos monjes y una mujer. Dos monjes, uno anciano y otro más joven, regresaban a su monasterio caminando por el bosque. Había llovido mucho durante los últimos días y, al llegar a un río, comprobaron que el agua había crecido y la corriente bajaba con fuerza. En la orilla encontraron a una mujer joven que no se atrevía a cruzar sola. El monje anciano le preguntó: —¿Necesitas ayuda? La mujer asintió. Entonces, sin decir nada más, el anciano se agachó, la subió sobre su espalda y cruzó con ella el río. Al llegar a la otra orilla, la dejó suavemente en el suelo. La mujer se lo agradeció y continuó su camino. Los dos monjes siguieron caminando hacia el monasterio. Durante horas, el joven permaneció en silencio, pero cada vez estaba más molesto. Finalmente, incapaz de contenerse, dijo: —Maestro, nosotros hemos hecho el voto de no tocar a ninguna mujer. Sin embargo, tú no solo la has tocado, sino que la has llevado sobre tus hombros. El anciano lo miró con serenidad y respondió: —Yo dejé a aquella mujer en la orilla del río hace muchas horas. ¡Veo que tú todavía sigues cargando con ella! Cómo aplica esta información si tienes un perfil "TDAH": Si tienes un perfil «TDAH», puede resultarte difícil dejar atrás una situación que te ha molestado, especialmente cuando la percibes como injusta o no comprendes por qué ha sucedido. A todos nos pasa, pero en un perfil "TDAH" sentimos las emociones con mayor intensidad debido a la desregulación. La mente puede quedarse enganchada, repasándola una y otra vez, y reactivar las mismas emociones. Este cuento nos recuerda que soltar no significa justificar ni olvidar lo ocurrido, sino reconocer cuándo ya no podemos cambiarlo y elegir no seguir cargando con ello. Aprender a volver al presente ayuda a reducir la rumiación, recuperar la calma y dirigir la atención hacia lo que SÍ podemos hacer ahora. En un próximo post te compartiré un último cuento, para reflexionar sobre cómo la mente puede adelantarse al futuro y generar preocupación o ansiedad por algo que aún no ha sucedido.