Expulso toda forma de materia,
soporto compulsiones
fragmentadas que penden del abismo,
y escapan todas ellas, como furia
que sacude los cielos despiadados.
Protejo lo que queda de conciencia
humana, ya cautiva
por silencios perpetuos
privados de sus sombras.
Deseo el cuerpo más que un verso puro,
alma mater de un mundo sofocado.
Temblores escondidos entre tumbas
devoran las serpientes
hostiles al espíritu.
El fuego del ocaso
aviva mis pasiones redimidas,
e inflama su vestigio
frotando sus terrores bajo tierra.