Por menos se ha matado,
afirman las ofensas silenciadas,
y es que la vida rompe su sentido
cuando las tempestades se detienen,
victoria sumergida
que aparece con símbolos abiertos.
Ya vuelan al final,
se desviven por sexo sin amor,
latido del sendero
que no distingue un puerto sin penumbra.
Sepultura espectral acorazada,
entierro de verdades bajo llave,
número de dolores infinito.
No se puede alcanzar
un acuerdo que limpie el odio, sucio
de rencores sin cura,
porque es nuestro destino la refriega
que condena a las partes a la guerra.