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61 contributions to El aquelarre creativo
Día 25. Lo que muere en ti. Una versión de ti que dejas atrás.
Cuando me detuve en el tema de hoy, «Lo que muere en ti», fui consciente de una pesadez limpia en el aire, de esa certeza de que toda versión de nosotros que dejamos atrás nunca llega a desaparecer del todo. Tendemos a pensar el duelo como una pérdida limpia o una amputación rasante, pero la materia enseña algo distinto: lo que muere se desliza bajo la corteza, cae al inconsciente y permanece ahí, a resguardo, aguardando la humedad exacta para volver a brotar bajo otra forma. Lo que dejé atrás de mí no es ceniza muerta, sino la semilla silenciosa de un yo renovado. Lo que me enseñó mi abuela nunca se perdió en la nada; quedó sembrado en lo hondo como un germen de vida. Al llevar este interrogante al Tarot, buscando entender cómo esa muerte interna se gesta en la penumbra, obtuve el único Arcano que podía salir. Una vez más el Tarot (Taró como dice el maestro) sorprende al aprendiz. Adentrémonos hoy en la penumbra de esta habitación vacía, entre la frialdad de las sábanas guardadas, la textura del papel antiguo y el grano de las tablas del suelo, para rastrear los gestos en los que el despojo se transforma en brote callado.
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Día 25. Lo que muere en ti. Una versión de ti que dejas atrás.
Día 23: "Podredumbre"
"Bajo lo que se marchita no siempre hay vacío; a veces comienza, en silencio, otra forma de existir".
Día 23: "Podredumbre"
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DÍA 24 · LA VELA
MEMENTO OCTUBRE · DÍA 24 · LA VELA Una llama que acompaña en la oscuridad. Velorio viene del latín vigilare, estar despierto, vigilar. Antes, cuando alguien moría, no se le dejaba solo ni una noche. Se encendían velas alrededor del cuerpo y alguien se quedaba sentado al lado hasta el amanecer, para que la oscuridad no se lo llevara antes de tiempo. En muchos sitios se ponían cuatro, una en cada esquina, formando una cruz invisible. Dicen que cada una era una edad de la vida de esa persona, la infancia, la juventud, la madurez, la vejez... y que mientras ardían, el alma tenía por dónde salir sin perderse. Yo he velado a los míos. Me he quedado en velatorios de familia, en esas salas donde todo huele a flores y a café recalentado, porque es lo que se hace, porque alguien tiene que quedarse. A Mina, mi perrita, la velé desde lejos. Fue en plena pandemia, tenía una pancreatitis aguda y no me dejaron quedarme a su lado. Le encendí una velita en casa y estuve rezando para que mejorara. No mejoró, y tuvimos que dejarla ir con un pinchazo... sin velatorio, sin poder traerla, sin poder despedirla como se merecía. Así que la despedí yo, en casa, delante de esa llama pequeña. Fue el único velatorio que pudo tener, y lo hice entero. De pequeña me fascinaban las velas de la iglesia. Ese olor tan raro, entre dulce y quemado, cómo les iba cayendo la cera por los lados y ver danzar la llama hasta hacer formas dignas del mejor de los ballets. Se las encendíamos a los santos y a las vírgenes, con una moneda en la ranura y un deseo en voz baja. Años después, en New York, eché una moneda en una de esas velas eléctricas que se encienden solas, sin llama, y me quedé mirándola un rato largo, sin saber muy bien qué estaba pidiendo ni a quién. Desde hace cinco o seis años hago mis propias velas con cera de abeja. La cera chisporrotea en el cazo, la cocina entera huele a miel, y hay algo en ese olor que me calma como pocas cosas. Las hago con diferentes formas según para lo que sean y las ritualizo, una por una, para que sepan a qué vienen. Trabajo siempre con los colores. Las negras para limpiar y soltar. Las blancas para rendir homenaje a mis ancestros y a mis guías y también para purificar. Tengo un sesenta y ocho por ciento de fuego en mi carta natal, y las velas me ayudan a calibrarlo, a bajar ese fuego a una llama pequeña que puedo mirar sin que me queme.
DÍA 24 · LA VELA
Me encanta. Guardo muchos objetos. Una gorra de mi suegro, un reloj de mi madre, una cámara fotográfica de mi padre, una cartera de mi tia, ...
Día 24. La vela. Una llama que acompaña en la oscuridad.
Cuando vi el tema de hoy, «La vela. Una llama que acompaña en la oscuridad», me sobrevino una certeza callada sobre las sombras en las que caminamos a ciegas. Andar perdido no es más que la falta de un rumbo, un entorpecimiento de los pasos donde el suelo parece ceder bajo el peso de la incertidumbre. Y sin embargo, basta una leve llama para devolverle la solidez al mundo, para que las cosas recuperen su volumen y su contorno exacto. El recuerdo de mi abuela actúa con esa misma terquedad luminosa: ante cualquier grieta del camino, preguntarme qué habría hecho ella o de qué manera habría dispuesto las manos es encender un candil encendido en mitad de la noche. Al trasladar esta búsqueda de amparo y firmeza al mazo de cartas, emergió sobre la mesa el Arcano que debía salir. No podía haber salido otro que aquel que representa la seguridad. Ante la oscuridad lo que necesitamos es la luz de solidez.
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Día 24. La vela. Una llama que acompaña en la oscuridad.
DÍA 22 · OFRENDA
MEMENTO OCTUBRE · DÍA 22 · OFRENDA Lo que dejamos para quienes ya no están. Ofrenda viene del latín offerenda, lo que se ha de ofrecer. No lo que sobra, no lo que se tira, sino lo que se aparta con cuidado y se deja en algún sitio para alguien que ya no puede venir a buscarlo. En Galicia lo llevamos en los huesos. En el Monte do Facho, en Cangas, se encontraron cientos de piedras con ofrendas a un dios antiguo, Berobreo, todas mirando al Atlántico. Hace más de dos mil años alguien subió aquella cuesta con algo apretado contra el pecho para dejarlo allí arriba, frente al mar y al viento... y desde que lo leí pienso mucho en esa persona, en lo que llevaba, en a quién se lo dejaba. Yo crecí rodeada de ofrendas pequeñas. Flores que se pudrían en Santos, velas que goteaban en la iglesia hasta hacer charcos de cera en el suelo, los ramos de los mayos, las romerías donde se le dejaban huevos a San Antonio como quien le deja un recado a un vecino. Y los cruceiros. Todavía hoy no paso por delante de uno sin dejar algo y mis tres monedas. Nadie me explicó nunca por qué tres. Lo hacía porque lo hacían las mujeres que tenía alrededor, y sigo haciéndolo porque hay gestos que no necesitan entenderse para funcionar. El cruceiro que tengo más cerca es el da Lomba, aunque también lo llaman da Angustia, en Posmarcos. Es del siglo XVIII y lo restauraron en 2001, pero nadie se acordó de esconder los cables de la luz, que le pasan por delante al Cristo como si también a él lo tuvieran enchufado. Por detrás, mirando a la ventana de una casa, hay una Virgen pequeña con las manos juntas en el pecho, sobre una cabeza de ángel. Y en la grada, en granito, unos versos en gallego que se despiden de él: adiós cruceiro da Lomba, que triste te vas quedando, que poquito a poco el tiempo te fue llevando... Cada vez que paso le dejo mis monedas. Por si acaso. Por Samaín pongo siempre un altar para mis ancestros. Pan, fruta, aceite, vino, ron y aguardiente, que para algo soy de aquí. Flores, los retratos que tengo y unas velas con forma de calavera que hago yo misma con cera de abeja, una a una, con las manos calientes y la cocina oliendo a colmena. Cuando murieron mis abuelos les puse flores blancas y la comida que les gustaba. Y desde que se fue Mina, mi perrita, en plena pandemia, ella tiene su sitio fijo en ese altar. Su collar. Sus cenizas, que no he sido capaz de soltar. Un corazoncito de cristal rosa con un poco de su pelo dentro. Y lo que más le gustaba comer, un poco de yogur, salchichas, bacon... siempre bacon. Le cantaba la canción del bacon de Hora de Aventuras y se volvía loca, daba vueltas sobre sí misma como una peonza. Así que todos los años, delante de las velas, se la vuelvo a cantar bajito. Me da igual que alguien piense que es ridículo. Las ofrendas también son eso, decirle a quien se fue que te sigues acordando de las cosas pequeñas, de las que nadie más se acuerda.
DÍA 22 · OFRENDA
Por cierto, en los años 30 ocurrió un hecho mágico, una especie de Poltergeist, en A Pobra do Caramiñal que incluso llamó la atención de Valle Inclán.
@Rebeca Saray Con este prompt puedes tirar del hilo: Eres un sagaz periodista de investigación especializado en hechos paranormales en España. Dime lo que sepas de un caso que se dió en A Pobra do Caramiñal en los años 30 que llegó a interesar a Valle Inclán
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Antonio Torras Llauradó
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@antonio-torras-llaurado-6316
Soy fotógrafo por vocación e informático por obligación.

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Joined Sep 1, 2026
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