Guardarte lo que llevas dentro no es ser fuerte. Es no haber aprendido a permitirte sentir.
Nos han enseñado durante décadas que sentir es debilidad. Especialmente si eres hombre. Que ponerse triste ante algo triste es "reaccionar mal". Que hay que aguantar. Que hay que seguir. Y así llenamos por dentro una caja que después se paga muy cara — en el cuerpo, en las relaciones, en la sensación permanente de estar viviendo la vida de otro.
En el nuevo post del blog te cuento de dónde viene esa caja, qué precio se paga por sostenerla y qué se abre cuando por fin te permites sentir.