El gabinete de las lágrimas ajenas
He guardado lágrimas
de funerales que no eran míos.
Mientras recogía las de todos,
las mías se escapaban
sin poder encontrarlas.
Hoy devuelvo cada pena a su dueño,
recojo por fin el agua de mi nombre
y aprendo a no perderme en el dolor ajeno.
No dejo de amar,
pero ya no me abandono.
Hoy busco mis lágrimas
entre tanto naufragio,
las nombro despacio
y las dejo caer.
Porque después de llorar
tantas vidas ajenas,
ha llegado la hora
de recuperar mi ser.