Durante años confundí el silencio
con la ausencia,
la falta de frutos
con la esterilidad de la tierra.
Pero bajo lo que parecía seco
permanece el armazón de todo lo vivido.
Y en su interior,
oculta a los ojos,
la médula conserva aquello
que aún no ha sido consumido.
Quizá nunca faltaron los huesos.
Quizá solo esperaba que alguien más escuchara
cómo crujían
para creer que seguían ahí.
Hasta los huesos más secos guardan memoria de la vida.