MEMENTO OCTUBRE · DÍA 23 · PODREDUMBRE
La materia que vuelve a la tierra.
Los alquimistas medievales tenían un nombre para el primer paso de la Gran Obra, nigredo, la obra en negro. Antes de convertir el plomo en oro había que meterlo todo en el matraz y dejarlo pudrir. "Putrefactio". Que se ennegreciera, que oliera mal, que perdiera su forma hasta no ser nada reconocible. Sin esa podredumbre no había transformación posible, se decía que era la fase más larga, la más oscura y la que más gente abandonaba a medias.
En el Barroco se pintaban frutas con la piel ya blanda, flores dobladas y una mosca posada en el borde del plato, para recordar que todo lo que brilla se echa a perder. Los egipcios, en cambio, veían cómo el Nilo inundaba los campos pudriendo todo a su paso, y sabían que de ese barro saldría la cosecha. La podredumbre siempre ha tenido dos caras. Es lo más feo de la muerte, lo que se huele y no se puede disimular, y es también la única tierra donde algo nuevo puede echar raíz.
Yo he vivido muchas obras en negro, pero la última fue la más larga. Y la más física.
Durante tres años mi cuerpo empezó a pudrirse en vida. No encuentro otra forma de decirlo. Decidí volver a Galicia y con esa decisión llegó un dolor de espalda enorme, de esos que no te dejan caminar, que te atan al sofá y a la cama como si alguien te hubiera clavado al suelo por la cintura. Iba al médico y me miraban raro, me decían que no tenía sentido, que las pruebas no explicaban tanto dolor y que la solución era hacerme "pequeña". Y yo volvía a casa con un dolor que no tenía nombre y una sensación todavía peor, la de no ser creída. Al mismo tiempo se me iba apagando todo lo demás, llenando cada segundo de mi vida de un agotamiento que no se quitaba durmiendo. Mi cuerpo nunca había sido un vehículo ligero, pero en esos años creció tanto que dejó de moverse, necesitaba ser vista y empecé a ocupar cada vez más y más espacio. Mi carne se iba hinchando con todo lo que no podía soltar. Como la fruta que se queda demasiado tiempo en el frutero... olvidada, abandonada a su suerte.
Ahora veo los últimos años de mi vida como mi nigredo. Todo lo que yo creía que era se puso negro dentro del matraz. Las ilusiones, las expectativas que había puesto en otros, la idea de que si aguantaba un poco más alguien de mi árbol familiar iba a venir a sostenerme. Las máscaras se fueron pudriendo una por una, al principio me daba mucho miedo, porque debajo no sabía si iba a quedar algo. La realidad es que quedaba. Siempre queda.
Hoy llevo sesenta kilos menos. Pero lo que más pesa de lo que he soltado no está en la báscula. Es todo eso que tuvo que descomponerse para que yo pudiera volver a moverme. El ego que necesitaba que lo vieran sufrir con dignidad. La niña que esperaba. La mujer que confundía aguantar con querer. Nada de eso se fue de golpe. Se pudrió despacio, en silencio, como todo lo que de verdad tiene que irse.
Y lo curioso es que no me arrepiento de esa podredumbre. Fue el abono. Sin esos años en negro no habría escrito lo que escribo ahora, ni sabría lo que sé del cuerpo, del dolor, de lo que significa volver a habitarse.
Hoy os propongo mirar vuestra propia obra en negro. ¿Qué se está pudriendo en vuestra vida ahora mismo, o se pudrió hace poco? ¿Qué máscara se os ha ido ablandando hasta caerse? ¿Qué expectativa os ha dejado ese olor dulzón que ya no se puede disimular? Y la pregunta más difícil... ¿qué podría crecer en esa tierra si dejarais de intentar salvar lo que ya está muerto?
No hace falta tirarlo todo. A veces basta con dejar que se pudra en paz y esperar a ver qué brota.
Os dejo la guía actualizada con los veintitrés días del reto. En el día de hoy tenéis el texto, el poema y las once imágenes de la serie: el matraz donde todo se deja pudrir, el corazón podrido del que brota un tallo, la casa de piedra cargada a la espalda con los fantasmas en la ventana, las batas blancas que miran placas en blanco, la columna convertida en raíces, el vientre abierto lleno de fruta y ratas, la radiografía donde por fin aparece la casa... Pinchad en cualquiera para verla a tamaño completo.
Mañana seguimos con el día 24: La vela. Una llama que acompaña en la oscuridad.
Y ahora os pregunto a vosotros: ¿qué lleváis cargado en la espalda que nunca fue vuestro? Contádmelo en los comentarios. Y si estáis haciendo el reto, compartid vuestra obra del día, sea un poema, una imagen o una página de la libreta.
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